El origen de todo (incluida la pandemia)
Dios también se aburre. Es un hecho.
Un buen día se rascó la barriga, aburridísimo de flotar en el cosmos, y una pelusa que encontró en su ombligo le dio la maravillosa idea de crear la Tierra.
Debe haber sido entretenido, imagínense, hizo el sol, la luna, separó las aguas (¿por qué creen que el cielo es azul? ¡porque es agua!). Diseñó un montón de árboles, florcitas y arcoiris (muy gay todo, hay que decirlo, pero yo no soy quién para cuestionar la sexualidad de Dios).
Primero se le ocurrió crear bacterias, amebas y bichos chicos, pero era muy fome porque, tal como en el horario para niños de la TV, no había ni sexo ni violencia. Así que hizo animales más grandes, hembras y machos para ponerle color al asunto. Creó a esas lagartijas grandotas que asolaron la Tierra por varios millones de años. Debe haber sido entretenidos verlos correr por la pradera, como Heidi, pero persiguiendo a otros más pequeños para arrancarles la cabeza y comerse sus vísceras aún tibias.
El más claro ejemplo de que Dios tiene un gran sentido del humor son los Tyranosaurios Rex... ¿acaso no los vieron en Jurassic Park? corriendo, los pobres, con esos bracitos ridículos, tan cortitos, apenas unos apéndices en ese cuerpo monstruoso hecho para destruir, es cosa de que vean a Godzilla o a su pariente gay, Barney.

Sin embargo, después de un par de millones de años, Dios se volvió a aburrir: los dinosaurios ya no le resultaban tan entretenidos; había que inventar otra cosa. Así que creo a la humanidad, una raza que, además de tener sexo y violencia en grandes cantidades (sólo lean el Génesis), le sumaba un factor esencial: la inteligencia. Claro, porque no es lo mismo ver a un par de tipejos aporreándose con todo porque sí, a ver a otros que se lo hacen justificándose, mintiendo, estafando, robando... y, lo más entretenido, por amor, odio o venganza (lo que demuestra que a Dios no sólo le gustan las películas porno y de acción, sino también las comedias románticas).
Iba todo muy bien y, al parecer, éramos su reality favorito, el problema es que aplicamos con demasiado celo eso de "creced y multiplicaos". Claaaro, porque con tipos como Adán o Lot, que le daban a lo que fuera y como fuera, no había forma de controlar a la población mundial.
Pero a Dios, que es un tipo lúdico, se le ocurrió que podía mermar a la población mundial y, al mismo tiempo, entretenerse con ello. Y así nacieron las pandemias.
A largo de los siglos, distintas pestes y enfermedades han asolado a la humanidad siendo, junto con la guerra, uno de los factores más efectivos de control de la población mundial. Para nuestro propio divertimento, existe en internet una versión similar al jueguito que Dios utiliza llamado Pandemic II.
En él podemos elegir entre un virus, una bacteria o un parásito, le damos un nombre a nuestro bicho y a jugar. Hay que determinar qué síntomas tendrá nuestra pandemia (van desde una simple e inocente tos, muy eficaz para comenzar a contagiar, hasta edemas pulmonares, demencia o fallas multisistémicas), el método de transmisión y las resistencias. Según la combinación será el grado de letalidad, contagio y visibilidad de nuestra enfermedad.
Al igual como está pasando en estos momentos con la influenza porcina, algunos países pueden reaccionar ante la amenaza, cerrando colegios, fronteras y aeropuertos, así como también repartiendo mascarillas, agua o quemando los cuerpos.
SIn embargo, el juego tiene una gran dificultad: las islas. Llegar a islas como Nueva Zelanda, Japón, Cuba y Groenlandia, es la parte más difícil. Pero hay una que realmente es imposible: infectar Madagascar.
El paisucho del demonio lo único que tiene es un miserable puerto donde nunca llega ningún barco. A no ser que partas de Madagascar, la tarea de contagiar a su población es prácticamente imposible (y no digo que es imposible de una, porque ayer mi novio logró infectar partiendo desde Perú).
